jueves

Un adiós que no maquilla un Hasta Luego

Después de aquel verano que no paro de nevar supuse que estas cenizas no jugarían mas con fuego durante un buen tiempo pero un día cualquiera, en un momento que hoy no importa, te vi ahí sentado con tu amante inoportuna y me sentí mas viva de lo que estaba, y por alguna razón desconocida quería morirme si te matabas y matarme si te morías.

Al principio me quise convencer que no quería amor civilizado, ni mucho menos catorce de febrero… y la única verdad siempre fue que quería que fueras mi estación y mi tren, mi mal y mi bien, y si por ahí tenias ganas también mi pan y mi vino; que el olvido se fuera lejos y que los sentidos sientan sin miedo.

Pero, como en todo, me falto valor… Y si, ¿Qué querés que te diga? Soy cobarde, casi casi como un jueves, pero no podía enamorarme de ti. Más, aún sabiendo, que no iba a ser reciproco porque, no se si te lo habré dicho alguna vez, soy una de esas rumbitas que nunca supieron como enamorar. Además, por supuesto, de creer que solo querías hacer negocios con la necesidad y el día menos pensado saldrías por la puerta de adelante diciéndome “adiós, adiós, adiós”. Y yo me quedaría ahí con el corazón maltrecho y otra vez cerrado por derribo.

Aun así, a pesar de todo, te quise querer, me quisiste querer, nos quisimos querer. Fueron días donde el mundo estuvo recién pintado, nada era urgente y todo era presente, días de besos en la frente… pero hubo mucho ruido desde el principio que inevitablemente hizo que llegara el final. Y lo primero que quise fue marcharme bien lejos a mi casa, esa en la calle melancolía, y tomarme un wisky on the rock con dos peces de hielo que duran en el licor lo que lo “nuestro” duró.

Fue así que la vida siguió, sin mucho sentido a decir verdad, pero siguió… y aunque callé más de lo que dije, siempre pero siempre te dije la verdad. Nunca te mentí, ni una, ni dos, ni cien veces.

Todavía sigo pensando hubiera sido lindo que le pongas mi nombre a todas las olas del mar o que me tomaras de la mano, me llevaras al fin del mundo y dejáramos a la soledad un tiempo sola.

Pero no. Acordate (me acuerdo) del ruido.

Y hoy me ves aquí sentada filtrando la desolación de saber que no fuiste mi amor eterno y que este es el primer y último verso que te escribo.

Hasta luego, digo, ADIÓS



PD: Espero algún día escuchar la canción que dijiste que me escribirías.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Tal vez no la escuchaste todavía porque él quería escribir la canción más bonita del mundo...

Julieta lopez dijo...

aplausos y mas aplausos
creo que por lejos es el textoo que mas mee gustoo
quee mas me llego tambien
lastimaa la posdataa pero no se puedee ser feliz cumpletamentee noo??
solo queria una mentiraa piadosa
jajaj
te amo chicaa de frente muy alta lenguaa muy larga y la falda muy corta(sin querer decir que seeas una putaa:p)jajajaja

martin dijo...

y... seguro q a los dos Nos sobraban los motivos.


un beso por mejilla.


PD: uno y uno son demasiado.